Todos tenemos una lista de cosas que cumplir en la vida. Una lista de ideas maravillosas y apasionantes con las que soñamos, pero que vamos postergando porque no tenemos tiempo, no tenemos dinero o nunca llega el momento adecuado.
Uno de esos sueños que tengo en mi lista es tener un velero y surcar los mares en busca de la libertad, viajar hacia nuevos horizontes empujado por la fuerza de los vientos, vivir conectado con el océano meciéndome al suave ritmo de las olas y descubrir rincones de paz en los que echar el ancla.

Tener un velero está en mi lista desde que tengo recuerdo y este año, por fin, me decidí trabajar para hacerlo realidad. Porque aunque no tenga tiempo, no tenga dinero o no sea el momento… ¡los sueños están para cumplirlos!.
Así es como, tras una búsqueda por internet sobre cursos para hacer el PER (Patrón de embarcaciones de recreo) y preguntar a varios amigos del mundo del mar, descubrí una modalidad que no sabía que existía: el PER a bordo.
PER a bordo de la mano de Escola Port
¿Qué es el PER a bordo?
Es muy fácil: imagínate que estás sacando el carnet de coche y, en vez de hacer aburridas prácticas conduciendo por las calles de tu barrio o tu ciudad durante varias semanas o meses, tienes la opción de hacer un viaje por carretera cruzándote un país. Vivir una experiencia inolvidable mientras aprendes y disfrutas conduciendo en el mundo real (al que luego te vas a tener que enfrentar).
Pues esa idea maravillosa, pero en el mar. La mejor experiencia en barco es el PER a bordo.
Para obtener el título de Patrón de Embarcaciones de Recreo, además de pasar el examen teórico, tienes que hacer una serie de practicas: prácticas de radioperador, prácticas de navegación a motor, prácticas de vela y, si además quieres navegar a las islas Baleares desde la península, tienes que sacar una habilitación especial que te permite hacerlo legalmente.

Existen varias opciones de hacer todas estas prácticas del PER en días sueltos o fines de semana, pero yo quería vivir la experiencia real de estar embarcado en una travesía durante varios días. Quería sentir lo mismo que sentiré cuando me encuentre navegando en mi propio velero en solitario o con amigos. Y, por qué no decirlo, quería que los días que iba a dedicar al curso de PER fueran unos días de desconexión y vacaciones… y te hago un adelanto: así han sido.
Comienza la aventura: Primer día en el Port Olímpic
Llegué al Port Olímpic de Barcelona a primera hora de la mañana de un lunes de junio, cargado con una mochila con ropa para una semana y mucha ilusión. Al ver todos los veleros en el puerto se me aceleró el corazón y mi mente voló mientras me daba cuenta de que, al estar ahí en ese momento, el sueño que tenía desde niño se estaba haciendo realidad. Estaba dando uno de los pasos más importantes que podía dar para que uno de esos bonitos veleros fuera el mío.
Las primeras prácticas de navegación
Tras hacer las prácticas de radioperador obligatorias en el aula, nos acomodamos en el barco que iba a ser nuestra casa los próximos días y soltamos amarras. Lo primero fue acostumbrarnos al velero con las necesarias practicas de seguridad y navegación en el puerto para saber movernos entre los pantalanes, abarloarnos a la gasolinera o dar la vuelta en medio de un canal.
Después, unas prácticas de navegación a vela a pocas millas de la costa. Ahí aprendimos a entender el viento y cómo debemos utilizar bien las velas, a virar y a trasluchar. Lo mejor es que, al mismo tiempo que estábamos aprendiendo cómo hacer las cosas, estábamos utilizando el lenguaje náutico. Una forma muchísimo más divertida de memorizarlo que estudiando las palabras sentado delante de un libro.

También vimos los usos prácticos de las cartas de navegación, haciendo varios ejercicios reales y perdiendo el miedo al que todos los novatos nos enfrentamos cuando queremos sacarnos esta titulación náutica de Patrón de Embarcaciones de Recreo.

La gran travesía: Barcelona - Mallorca
Unas horas después estábamos listos para nuestra gran travesía a Mallorca, así que volvimos al Port Olímpic para comprar la comida que íbamos a necesitar los siguientes días y, tras revisar la previsión meteorológica, tomamos la decisión de zarpar pasada la medianoche.
Es imposible describir la sensación que sentí al ver cómo las luces de Barcelona se iban haciendo cada vez más pequeñas mientras se abría ante nosotros la oscuridad, solamente rota por un impresionante cielo estrellado.

En los ordenadores de a bordo y el radar teníamos controlados a todos los barcos que había a nuestro alrededor, el piloto automático nos mantenía el rumbo y nosotros nos alternábamos en las guardias nocturnas.
Y ahí estaba yo, sentado en un barco velero a las dos de la madrugada, oteando el horizonte en busca de luces y con mi mente puesta en el presente, disfrutando del momento, el silencio y la oscuridad.
Es realmente emocionante verte cumplir un sueño.

Mallorca: Navegando hacia Sa Calobra
Algo que permanecerá siempre en mi memoria de esta experiencia de navegación es el momento de navegar hacia a la impresionante Cala de Sa Calobra, sintiéndonos diminutos con los impresionantes acantilados de la Sierra Tramontana de Mallorca, sorprendiéndonos con el color y la transparencia del agua y disfrutando de las risas de los compañeros de travesía que, debido a la intensidad del viaje, ya se habían convertido en amigos.
Viaje de vuelta a Barcelona
El jueves, y tras haber hecho una noche en la isla, zarpamos de nuevo rumbo a la península.
Parecía que la aventura se estaba acabando, pero como colofón al viaje, poco después de abandonar las Baleares, divisamos unas aletas dorsales que se aproximaban a nosotros.
Es muy frecuente ver delfines y que te acompañen un rato mientras juegan con la ola que forma la parte delantera del barco, pero lo que veíamos no eran delfines comunes. Para despedirnos de las islas nos acompañaron un pequeño grupo de calderones grises, un tipo de delfín parecido a una pequeña ballena y que pueden alcanzar los 500 kilos. Una especia que, aunque habitual de estas aguas, es poco frecuente de ver. Un auténtico regalo.

Al día siguiente, tras otra noche de navegación bajo las estrellas, llegamos a Barcelona para hacer las últimas practicas de seguridad y navegación a motor en el puerto y despedirme, por poco tiempo, del mar. Y digo poco tiempo porque apenas un par de días después estaría subiendo a otro velero en una nueva aventura de varios días, ahora ya con mucha más experiencia y confianza que antes de realizar este PER a bordo, que más que un curso es una experiencia de vida.
Pablo - Alumno de Escola Port
